Un cadáver bajo el naranjo

Libro Un cadaver bajo el naranjo

 

 

 

 

 

 

 

Un cadáver bajo el naranjo (2015), Editorial Point de Lunettes, Sevilla, galardonado con el  Premio Federico García Lorca en la modalidad de narrativa en el año 2014. Se trata de una colección de diez relatos cortos.

Fragmento de La caja:

No se hubiera imaginado ni siquiera que su pedido iba a llegar de aquella forma. Sonrió enigmático y se acercó a la caja, le echó un vistazo y salió a buscar una taza de té. A la vuelta, colocó el té sobre el escritorio, echó el azúcar, y dio un sorbo. Se giró para observar la caja y pensar cómo lo iba a hacer esta vez.

Paciente, se levantó y dio un par de vueltas al paquete, examinándolo. Tenía que sacarlo de allí. Levantó la mirada. La puerta estaba demasiado lejos. La ventana parecía la mejor opción. Apoyó las palmas de sus manos en el costado de la caja y la empujó hacia el escritorio, que estaba junto a la ventana. Era recia, el embalaje no cedía ante la presión de sus manos, como si estuviera llena de algo sólido que se ajustaba perfectamente a las dimensiones del continente. Poco a poco la caja empezó a arrastrarse. Cuando apenas había avanzado medio metro sobre la alfombra, se detuvo y la miró.

Era más grande. La caja había crecido al menos diez centímetros. Se puso una mano en la cintura y otra en el mentón, pensativo. Calculó de nuevo la distancia hasta la ventana y la puerta. Definitivamente, la ventana seguía siendo la mejor opción.

Apoyó de nuevo sus manos sobre el paquete y lo empujó con más fuerza. Ésta vez estuvo seguro de ver cómo la caja se estiraba. Cerró los ojos y deseó que cuando llegara a la ventana, las dimensiones no hicieran imposible el desalojo.

Cazador en el bosque

PMJ7

Cazador en el bosque (2013), Editorial Alhulia, Salobreña, Premiado con el IV Premio de Poesía y Prosa Narrativa Ciudad de Granada. Se trata de una colección de diez relatos cortos.

Fragmento del relato Dos revelaciones inconfesables:

«Me llamaron entusiasmados con la noticia de que habían descubierto, en un yacimiento arqueológico, un texto ilegible y sin precedentes. Se trataba de una escritura aparentemente caótica, escrita sobre la roca y compuesta por tan sólo cuatro runas, muy parecidas a cuatro letras del alfabeto hebreo. Descubrir el mensaje oculto tras esas grabaciones sería un hallazgo valiosísimo. En vano trabajé durante veinte años sobre una superficie de roca, de apenas seis o siete metros cuadrados, saturada de runas, recomponiendo palabras, cotejando los hallazgos con etimologías semíticas, aplicando variables, realizando innumerables hipótesis acerca de cómo estaba dispuesta la escritura, en qué dirección. Al final, extasiado, conseguí desvelar el sentido: hallé un texto escrito en espiral, de afuera hacia el centro, que planteaba una cosmogonía, y hablaba de un dios creador anterior a Abraham, anterior a Zeus. He dicho antes que mi trabajo fue vano, efectivamente: meses después de revelar el descubrimiento, unos paleontólogos visitaron el yacimiento. Tras unas cuantas pruebas determinaron otra resolución: se trataba de fósiles. Cuatro tipos diferentes de moluscos habían quedado sepultados millones de años antes; lo que yo había interpretado como runas, eran los moluscos que habían quedado de forma casual paralelos a la superficie, y las líneas verticales o puntos, que yo interpreté como espacios y a veces como runas auxiliares o derivadas, no eran sino la misma clase de moluscos que se habían dispuesto de maneras dispares y se podían ver tan sólo parcialmente. Sin embargo, mi trabajo fue primoroso, mi interpretación, lícita, válida, verosímil… ¿Se trató acaso de una broma de Dios? Prefiero pensar que todos los textos y todas las lecturas son sólo interpretaciones casuales, virtuosas, de una amalgama azarosa de caracteres que tan sólo el cosmos había determinado. El valor que tiene escribir un libro, no es muy diferente al valor de la erosión de una montaña o la caída, por nadie vista, de un árbol en mitad de un bosque. Toda hermenéutica no es más que una esperanza vana.»