El espejo

No puedo contarlo como algo sorprendente; el espejo se ha incrustado en mi vida como un parásito. Ha suplantado mi ánimo, mi carácter. Lo tengo tirado en el suelo, bajo la mesa. No sé cómo lo dejé en ese lugar, pero da igual; esté donde esté, será un lugar preeminente. Camino por el salón sabiendo que está ahí, que a lo mejor yo estoy mirando la habitación desde el suelo, que a lo mejor hay otra escena patética que tengo que ahogar en más ginebra. No quiero mirarlo y no puedo parar de mirarlo. Sigue leyendo