De buenas letras: Cazador en el bosque

Reseña de José Rienda, de la Academia de Buenas Letras de Granada, publicada en el diario Granadino Ideal el jueves 21 de noviembre de 2013.

La semana pasada se hicieron públicas las bases del V Concurso Literario ‘Nuevos creadores’ de la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Granada en colaboración con la Academia de Buenas Letras, un certamen que cumple con los objetivos que lo motivaron. Muestra de ello es el excelente camino literario trazado por algunos de los autores premiados tras la publicación de su primer libro en la Colección ‘Mirto Joven’ de la Academia; por otro lado, resulta igualmente reseñable la calidad de buena parte de las creaciones presentadas al concurso, como es el caso de las últimas galardonadas: ‘Museo de los instantes’ de Jerónimo Marín, en poesía (de quien se dará noticia en la revista ‘Alhucema’), y ‘Cazador en el bosque’, en narración, de Felipe Reyes Guindo.

‘Cazador en el bosque’ se presenta como un conjunto de relatos que rompe con los tópicos de las primeras obras de cualquier escritor, pues se trata de un libro maduro, perfectamente estructurado y que incorpora numerosos y sorprendentes recursos impropios de una ‘ópera prima’. De inicio, es destacable el hecho de que no nos encontramos ante una mera colección de cuentos, pues en él se quiebra el planteamiento convencional del álbum literario y se opera desde un sistema dialógico y polifónico sabiamente controlado por el autor (sesgo bajtiniano que se hace evidente en la defensa de la hermenéutica explicitada ya en el preámbulo de la publicación). Marcado por su deferencia a la estética de la recepción, Reyes Guindo acierta con un sugestivo cambio de roles entre autor y lector que mueve todo el libro en pos de, y esta es la cuestión nodal, una verosimilitud forjada en la fascinación; por eso inicia los relatos presentando a un personaje que da noticia de lo que a la postre será la historia principal del cuento, acierto narrativo que funciona desde un principio básico de la curiosidad humana: nos creemos con mayor comodidad lo que cuentan que contaron… Se trata en definitiva de un juego de actores que se ‘fugan’ de la ficcionalidad narrativa para embaucarmos con la existencia de otros personajes que, o protagonizan el cuento que sigue, o bien reaparecen como anécdota varios cuentos después (lo que se refuerza con notas a pie de página y otras ‘distracciones’).

También es destacable el punto, más que culturalista, academicista que traspasa la narración. La formación de su autor (arabista en sus inicios, filólogo después) se hace evidente y, aunque se podría haber ‘liberado’ al lector si Reyes Guindo no hubiese mostrado sus cartas tan abiertamente, lo cierto es que el juego literario propuesto funciona a la perfección en tanto que el autor hace un uso canónico del vademécum del cuentista. En efecto, Reyes Guindo es un escritor consciente y vigilante en lo que escribe, desde dónde lo escribe, para quién lo escribe y con qué intencionalidad lo hace: Borges y García Márquez rezuman aquí por los cuatro costados con ciertos ecos de Cortázar y Machado, pero también encontramos huellas de Brecht y un interesantísimo trasfondo filosófico donde Descartes adquiere relevancia y donde también, curiosamente, se acomodan Marx y Santo Tomás de Aquino. Y todo ello desde la referida técnica del personaje narratario.

A propósito de los aspectos del cuento como género literario, escribía Cortázar: «Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out». Aquí he de decir que ‘Cazador en el bosque’ noquea desde las primeras líneas.

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