“Vacío perfecto” de Stanisław Lem

Vacío perfecto de Stanisław Lem,  (Impedimenta, Barcelona, 2008) consiste sencillamente en dieciséis reseñas a libros que no existen. Sólo la primera reseña hace referencia a un libro real, el propio. La reseña que abre la colección es la que hace Lem a su propio libro y que articula a modo de introducción, aprovechando para hacer una declaración de intenciones un poco ambigua o múltiple, y captar, además, nuestra benevolencia.

En la primera reseña, en la que habla de sí en tercera persona, ya confiesa que no es pionero en el género. Menciona incluso a Borges con su Examen de la obra de Herbert Quain. No obstante, podemos decir sin temor a equivocarnos que Lem ha desarrollado este extraño género con una efectividad magistral, explotando todas y cada una de las posibilidades que ofrece el hablar de un libro que no existe.

Salta a la vista un fenómeno peculiar que sólo ocurre en este tipo de escritos; Lem es el autor real de todos esos libros ficticios de los que habla, indiscutiblemente. Pero decidió traerlos al mundo a través de la crítica. El autor se convierte aquí en un sujeto que atesora tanto la actividad creativa como la crítica. Experimentar acerca de este fenómeno y de cómo cada faceta limita al autor en un sentido u otro es una de las intenciones manifiestas de Lem, como nos comenta en la reseña antes mencionada que prologa la obra. Nos confiesa también que quizás, son libros que se le ocurrieron pero de los que no está muy seguro de escribir. Llega a achacar el uso de la reseña falsa a la cobardía o a pensar que quizá el libro, de existir, no tendría mucho provecho, y que el valor literario de una obra tal viene sólo a través de la reseña. Nos recuerda al antes mencionado Borges, que llegó a decir que quizá otros autores hubieran escrito un libro completo de lo que el resumía en sus cuentos, a veces, decía, por la sola pereza de escribir un volumen considerable de hojas, aunque por supuesto, esa confesión es pura retórica en Borges.

Así que, en la mayoría de los casos, asistimos a la presentación de un libro que Lem no se atrevió a escribir, o no estuvo muy seguro de ello, o incluso un libro cuya realización es imposible, como es el caso de la reseña a Rien du tut, o la conséquence de Solange Marriót. Se ve claramente en el último: el discurso de un premio Nobel, La Nueva Cosmogonía de Alfredo Testa. Lem presenta una teoría novedosa acerca del Universo y su ordenación, algo demasiado aventurado como para traerlo al mundo taxativamente, pero lo suficiente digno como para que merezca ser conocido, ¿qué mejor que ponerlo en boca de otro?

Es un recurso que genera dos voces: la voz del autor ficticio y la voz del crítico. Lem aprovecha esta dualidad para generar un discurso más rico, para hilvanar en el mismo texto, una idea y su réplica, una afirmación y su objeción, una teoría aventurada y una posición preventiva. Ocurre, como era de esperar, que no se queda en el valor de la historia como narración de calidad, sino que aprovecha para añadir una carga filosófica importantísima, esa filosofía profunda y subyugante, con reflexiones muy inteligentes, como ya ocurre durante todo el libro de Solaris y especialmente al final. La reseña al libro imaginario de Cesar Kouska, De Impossibilitate Vitae/ De Impossibilitate Prognoscendi, es todo un tratado filosófico acerca del determinismo y el azar, y una crítica a la física probabilística. En Arthur Dobb: Non Serviam casi se resuelve la batalla entre idealismo y materialismo, y se nos presenta a ese “Dios humano”, que se puede equivocar que el personaje Kris comenta al final de Solaris. En Wilhelm Klopper: Die Kultur als Fehler, se nos propone que la tecnología viene a hacernos verdaderamente libres, a través de la destrucción de la cultura, algo que recuerda a la destrucción de los ídolos y la adopción de una nueva moral, al camino hacia el superhombre nietzscheano, algo para nada inocuo como se podrá comprobar.

Hay más reseñas que recuerdan a Borges y que enriquece la intertextualidad de este libro. Alistar Wainewright: Being Inc. nos recuerda a La lotería de Babilonia, pero desde una perspectiva nueva. También recurre al tema de la saturación de textos, en Joachim Fersengeld: Perycalypsis, donde se presenta una sociedad que se castiga a los creadores por saturar el mundo de textos y se aconseja la eliminación sistemática de obras de arte, o en Kuno Malatje: Odis te Ítaca, en el que el protagonista (que además da nombre al libro ficticio) considera que hay un volumen tan ingente de libros inútiles que es imposible encontrar a los genios, y organiza toda una campaña de búsqueda de los libros anónimos. En Solange Marriót: Rien du tut, o la conséquence incluso lo menciona, comparando la obra con el Pierre Menard de Borges.

Un tema recurrente, que no salta a la vista por no ser un tema central en ninguna reseña, es la negación de la locura. Casi en cada reseña lo hace (a partir de ahora voy a obviar el nombre de los autores ficticios, para hacerlo más comodo): en Les Robinsonades, decir que Robinson no está loco por generar toda una sociedad imaginaria, con algunas ocurrencias demenciales, es casi lo primero que hace, y con una justificación legítima. Lo dice también del Gruppenfürer Louis XVI: “El hecho parece un síntoma de demencia, pero no lo es: al contrario, el nuevo Luis XVI debería estar loco para reconocer su origen alemán…”. De los padres del Idiota, dice: “Y no se trata de locura, nada de eso. No es cierto que todos puedan volverse locos; en cambio todos son capaces de tener fe”, para justificar la ceguera que se impusieron los padres ante las deficiencias que les presentaba el hijo. De De Impossibilitate Vitae/ De Impossibilitate Prognoscendi, dice: “…ideas en absoluto vesánicas, el asunto se halla a mitad de camino entre la ciencia y la locura”. Odis te Ítaca, en su campaña para encontrar a los anónimos genios, impele a sus seguidores para que acudan a los manicomios y examinen los escritos de los locos.

Otro tema recurrente es la capacidad humana de convertir lo feo en bello, la absoluta tiranía en algo angelical, está presente de manera flagrante en Idiota, pero también en Non Servian, donde se habla de “cómo convertir del defecto en virtud”.

Acerca de la riqueza filosófica del libro se puede decir mucho más… se nos queda en el tintero, Gigamesh, personaje en cuyo nombre alberga todo el saber de la creación, también ese ensayo acerca de las debilidades y vicios humanos de Sexplosión, las latentes reflexiones metaliterarias de Toi y Do Yourself a Book… Ni un solo párrafo es inútil, en cada rincón encontramos una idea que como mínimo te hace replantear lo que tenía por seguro. Un libro denso, sin duda, pero absolutamente provechoso.